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MANUEL BELGRANO

Nos reunimos a homenajear a nuestra querida bandera. Es uno de los símbolos patrios que nos da identidad nacional.

Por decreto del gobierno en el año 1938 se declaró el 20 de junio aniversario del fallecimiento de Manuel Belgrano como el “Día de la Bandera”.

El símbolo es creado por el hombre, quien lo imagina y le da existencia. Hombre y símbolo se presuponen. No alcanza con ser dado, sino que además debe ser pensado, por lo tanto es dinámico. No hay concepto estático de símbolo patrio.

El hombre lo crea y se comprende a través de él. En este caso Belgrano lo crea y lo lega, lo entrega, lo da para una causa común, la causa patriótica.

Por eso cuando hablamos del símbolo patrio “La Bandera” nos remitimos a una figura, a la de Manuel Belgrano que en un arrebato de desobediencia creó este símbolo.

Hoy, en este querido colegio como en cada una de las escuelas de la Patria, en las cercanas y en las más alejadas, en las urbanas y en las que están en los parajes más recónditos del país, en los niños de 4° grado homenajean a la insignia patria prometiendo lealtad y respeto. Y toda la comunidad del Abraham los acompaña en este importantísimo momento.

Hoy nos convoca especialmente uno de los hombres más queridos y respetados de nuestra historia.

En la escuela enseñamos historia, hoy se llama Ciencias Sociales, es una asignatura que al revisar críticamente el pasado, enseña, a los alumnos, ciudadanía. Enseña la convivencia justa.

Los maestros tenemos que adherir a uno u otro enfoque histórico. No creemos en las posturas neutrales. En este caso adherimos al enfoque crítico, socio – histórico.

Al hablar de Manuel Belgrano tenemos que mencionar todas sus batallas públicas, pero también las secretas, las íntimas, las personales que todo hombre tiene.

Belgrano luchó batallas militares contra las realistas; batallas políticas contra los gobiernos de Buenos Aires; batallas partidarias contra algunos miembros de su partido político; batallas éticas cuando tuvo que decidir mandar a degüello o fusilamiento a los amotinados o conspiradores; batallas peleando por su salud, que lo llevaban al lecho con más asiduidad de lo esperado para un jefe militar y batallas morales por vivir amores clandestinos no bien vistos en una sociedad conservadora.

Manuel Belgrano, era por sobre todo un hombre con deseos de poder. La historia del HOMBRE es la historia del poder. Quien está en los continentes políticos tiene un deseo de poder. De esto ya habló suficientemente FOUCAULT. Y en buena hora que tuviera deseo de poder, ya que es el motor necesario para estar en la participación comunitaria.

Belgrano ya pertenecía al partido de la amplia “coalición democrática”, partidario del liberalismo revolucionario junto a Castelli, Paso, Moreno, el Dr. Argerich, entre los más conocidos.

Debemos desmitificar esa mirada que tantos años nos hicieron creer que era un prócer desinteresado, bondadoso, altruista, neutro. Pero en buena hora que los revisionismos históricos nos lo devuelvan hombre con todas sus pasiones.

Nadie es impoluto, no lo veamos en el bronce brilloso del monumento, veámoslo donde realmente vivió, en las tierras húmedas y calientes de los campos de batalla de Campichuelo, Paraguarí, Tacuarí, Tucumán, Salta, Vilcapugio, Ayohuma, y así podremos reencontrarnos con el hombre, con su sensatez, cordura y necedades y es allí donde su figura agiganta para ser posible de ser imitada.

Belgrano sale del molde de la historia oficialista de Mitre para volverse un prócer cotidiano. Él está cada mañana cuando en cada una de las escuelas del país se eleva la bandera y en cada atardecer concluye la tarea escolar.

Siempre tuvo relación y preocupación por la niñez, se opuso a la presencia de Pedro Ríos, más conocido como “El tambor de Tacuarí”, un niño de doce años, que tocaba el tambor durante las batallas que se dieron camino a Paraguay.

En la batalla de Ayohuma, Belgrano no quería que las hijas de doña María Remedios del Valle estuvieran frente al peligro. Estas niñas y su madre son conocidas como “Las niñas de Ayohuma”.

Manuel Belgrano ya manifestaba, en distintos documentos, una observación a la niñez como una franja etaria que se debía cuidar y resguardar… 156 años antes de la Declaración de los Derechos del niño.

Nos legó este emblema que nos representa, nos significa, nos une, y nos enlaza como Nación. Cada vez que la vemos sentimos algo difícil de explicar, podemos hablar de orgullo de ser argentinos, de pertenecer a un conjunto social y compartir un territorio y una cultura, de extrañarla cuando estamos fuera del país, de significarla cuando nos representa en el mundo.

Y allí está siempre, es nuestra, nos pertenece, flamea en las tragedias nacionales y en los festejos. Flameó en Malvinas y la vimos caída, no por ello menos querida y respetada, pero la elevamos más alto que nunca en memoria de los muertos por la Patria y la elevamos muy alto en los foros internacionales pidiendo por el territorio usurpado.

Borges con tres palabras definió ese sentimiento tan difícil de explicar, ya que al ser sentimiento está más en los sentidos que en la razón. Un filósofo diría es un percepto, no fácil de llegar al concepto.

Y como dijo otro filósofo, el poema revela sin cesar la capacidad afirmativa del pensamiento, por ello es que traigo este verso de Borges quién definió el amor que sentimos por la patria como “Límpido fuego misterioso”.

Creo que me quedo con las palabras de Borges “Límpido fuego misterioso”, pero por sobre todo misterioso.

 
 
 
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